Bishop's Column

Cómo Vota un Católico

Columna de Octubre 2010, The Valley Catholic

Cómo Vota un Católico

Por Daniel E. Flores
Obispo de la Diócesis de Brownsville

No, en esta columna no voy a decirles por quién votar, sino que tengo la intención de ofrecer algunas reflexiones acerca de cómo una mente católica consciente funciona cuando toma decisiones acerca de la votación.

Cuando un padre ve a su hijo o hija, o cuando una madre mira a su bebé en la cuna, una esperanza espontánea en su corazón se eleva.  Inmediatamente después, sigue un temor pequeño, pero real. La esperanza se basa en la promesa de un niño que está creciendo fuerte en espíritu, mente y cuerpo, de un niño que, cuando llegue a la madurez, será capaz de hacer mucho bien para ayudar a construir un futuro más justo, pacífico y feliz.  El temor que espontáneamente se hace sentir en la experiencia de un padre tiene sus raíces en el saber que el mundo no es un lugar muy acogedor a veces, de hecho, muchos obstáculos y pruebas y peligros que se encuentran en la ruta de acceso de cualquier persona que trata de ser bueno y vivir justamente.

Un padre sabe instintivamente que no es fácil criar una familia, si fuera fácil ser bueno, todo el mundo lo sería.  Por desgracia, como los periódicos y las pláticas entre vecinos atestiguan, no todos somos así.  Un padre se compromete a defender sus hijos de los peligros, y pone en marcha los recursos humanos y materiales necesarios para hacer que la promesa triunfe sobre el miedo.  Todo padre de familia se da cuenta que primero debe luchar contra los peligros inmediatos a fin de establecer las condiciones favorables para edificar el bien. Son esfuerzos simultáneos, pero cada uno tiene su prioridad y orden. Por ejemplo, los pequeños necesitan comer verduras para crecer sanos y fuertes, pero hoy, la niña está jugando cerca de un pozo de serpientes de cascabel.  Primero, mantenla a distancia del pozo de la serpiente antes de darle a comer brócoli.  O, un niño puede tener un caso de desarrollo de la diabetes, y al mismo tiempo necesita más práctica para aprender sus tablas de multiplicación.  Primero, lo primero.  El niño debe tomar sus medicamentos y comer saludable para que, a la larga, pueda beneficiarse del ejercicio de su mente. Pero si el niño vive en un mundo donde las tres cosas son reales, serpientes de cascabel, la diabetes y la necesidad de aprender más matemáticas, todos los padres saben que el primer trabajo es eliminar el peligro inmediato a la vida y la salud, de modo que los objetivos a largo plazo de la salud y la educación puedan ser tratados con paciencia.

El padre o la madre percata en su corazón que no todos los peligros están lejos, y no todas las oportunidades para hacer el bien están a la mano. Los padres toman decisiones cada día acerca de lo que hay que hacer en primer lugar, y lo que hay que hacer segundo.  Estas determinaciones fluyen de un sentido preciso de la situación real que enfrentan la familia y el hijo, y de un sentido preciso y práctico de lo que los padres pueden hacer para defenderse de los males que amenazan y promover el bien que se debe realizar.

Me gustaría proponer esta analogía como una que podría ser útil ahora que los católicos nos preparamos para tomar decisiones acerca de cómo votar en las próximas elecciones. Piensen en términos de peligros inmediatos y la esperanza de un porvenir feliz.  Un católico primero busca votar de tal manera que los peligros actuales y graves, a las personas en particular y a la sociedad en general, se superan.  Un católico busca  votar de tal manera que el bienestar de una sociedad más humana y justa es activamente promovido  en las políticas del pueblo.

Como Catolicos y seres humanos sabemos que la amenaza más grave para las personas y para la sociedad es la aniquilación deliberada de la vida humana inocente.  Sancionado públicamente el aborto y la financiación pública del aborto es el pozo de serpientes de cascabel en torno al cual nosotros y nuestros hijos y nuestra sociedad estamos jugando.  La primera prioridad como católico: proteger la vida inocente. Esto incluye la protección de embriones humanos de la experimentación y manipulación científica.

Pero, aun cuando reconocemos las graves amenazas a la vida inocente, y trabajamos firmemente para eliminar estos males de nuestro medio, también tenemos que trabajar con paciencia y perseverancia para promover una sociedad donde el trato justo de los inmigrantes y los refugiados se avanza; defendemos la identidad misma del matrimonio y la familia; trabajamos para poner fin a la pena de muerte.  También votamos para defender a conciencia los pobres y los discapacitados, los ancianos y los heridos en nuestra sociedad.  Lo que no podemos hacer es tomar nuestras decisiones electorales sin la formación integral de nuestra conciencia, de acuerdo a las normas de la dignidad humana que nos enseñan los Evangelios y que han sido transmitidas a nosotros por la Iglesia. Tenemos que formular nuestros juicios en un espíritu de reflexión sereno y deliberado, considerando lo que los candidatos mismos indican será su trayectoria. 

Pero, como todos sabemos, muy a menudo los candidatos apoyan algunas cosas que al votante católico le interesan sobre la dignidad humana y el bien de la sociedad, pero no otras.  No es fácil decidir qué es lo mejor. ¿Qué vamos a hacer cuando se nos da la responsabilidad de elegir a nuestros líderes electos, y ellos mismos no comparten todas nuestras preocupaciones? Yo digo que hay que hacer lo que un padre haría: votar en primer lugar para salir de los alrededores de la guarida de la serpiente. Votar en primer lugar para eliminar los peligros más inmediatos y atroces a la vida humana inocente, como el Papa Juan Pablo II nos recordó: “En efecto, no es posible construir el bien común sin reconocer y tutelar el derecho a la vida, sobre el que se fundamentan y desarrollan todos los demás derechos inalienables del ser humano” (Evangelio de la vida, 101).  Después de esto, tratamos de hacer todo lo posible para promover, a través del voto, todos los demás bienes que consideramos esenciales para el crecimiento de nuestras comunidades en un espíritu de justicia y equidad, y de responsabilidad compartida por los más vulnerables.