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La fiesta del Corpus es una de las solemnidades más hermosas del calendario litúrgico, y es un día de fiesta del cual soy particularmente devoto. Estoy realmente convencido que cuando honramos, adoramos y damos gloria al Señor en el Santísimo Sacramento del altar, Él nos responde de una manera bondadosa y generosa. Su presencia es en sí el principio y el fin de esa bondad.
Cada año desde que llegué a la diócesis, he tenido la gracia de celebrar la Misa del Corpus en la Catedral, o en una de sus capillas, y después guiar la Procesión Eucarística por el centro de Brownsville, concluyendo con la Bendición con el Santísimo.
Este año empezamos con la Misa en la Catedral de la Inmaculada Concepción el domingo a las 6:00 pm y procedimos bajo el vari palio, con incienso y los feligreses cantando y rezando el rosario. Primero fuimos a la iglesia de Santo Tomas, y después a la del Sagrado Corazón. Me conmovió profundamente la fe y devoción de los parroquianos, y me sentí profundamente motivado por cómo jóvenes y ancianos, y gente de todas las edades, participaron en esta expresión de fe de la Iglesia.
Creo que vale la pena señalar que caminamos por las calles (después de adquirir los permisos adecuados) y no por las banquetas. La Iglesia está en la ciudad, y en la comunidad y en el país. La Iglesia no es una entidad privada relegada a la banqueta, y nosotros ciertamente no queremos ser limitados a caminar adentro de la sacristía. La Iglesia y su Señor tienen un lugar en el dominio público, al igual que todas las instituciones no gubernamentales en nuestra comunidad.
Peregrinar por las calles es un símbolo de una realidad más grande. Es una de las mayores bendiciones de nuestro país que los individuos y las instituciones sean libres de vivir y crecer de acuerdo a su conciencia, mientras esta vida y este crecimiento no lastimen el bien y la paz de los demás. (Es por eso que se necesitan permisos para hacer peregrinaciones públicas. Alguien tiene que redirigir el tráfico).
Tradicionalmente nuestra sociedad ha reconocido que es bueno tener iglesias, asociaciones civiles e instituciones saludables y vibrantes. Todas tienen un lugar en las fluidas asociaciones sociales que componen nuestras relaciones humanas en este país. Así pues los VFW (Veterans of Foreign Wars, por sus siglas en Inglés) pueden tener desfiles, la antigua orden de hibérnicos pueden marchar el día de San Patricio, y el equipo de fútbol local puede ser celebrado con un desfile después de un juego de campeonato. Ninguna de estas son instituciones gubernamentales. Sin embargo éstas son instituciones de personas que se asocian libremente para hacer sus contribuciones al bien común y la sociedad local y nacional.
El gobierno ayuda a nuestra comunidad y a la vida nacional cuando busca mantener la esfera pública como un lugar libre y sin trabas. El gobierno juega un papel importante al proteger los derechos de los diversos grupos que viven y crecen en una sociedad libre. El gobierno, no obstante, obstaculiza el bien de la amplia sociedad nacional cuando trata de dictaminar lo que una institución debe hacer para poder contribuir al bien general. No dejemos que el gobierno le diga a los VFW lo que debe tener su código de honor para poder ayudar a los Veteranos. No dejemos que el gobierno le diga a los hibérnicos lo que necesitan para ser irlandeses. Y no dejemos que el gobierno le diga a la Iglesia lo que su conciencia moral debe o no debe de permitir al administrar nuestras escuelas, universidades, hospitales y organizaciones caritativas.
¿Qué es lo que está en juego en la lucha de la Iglesia por defender la libertad religiosa contra la invasión del gobierno? Muchas cosas, pero una de las más vitales es la preservación de ese amplio espacio en nuestra sociedad y cultura donde las personas e instituciones libres pueden operar, propagar, cooperar y competir. Cuando el gobierno oprime demasiado fuerte las operaciones públicas de las instituciones no gubernamentales asfixia con mano dura a las instituciones que la gente establece y forma libremente. Cuando esto pasa, todos sufrimos la pérdida de esa diversidad dramática y creativa de la vida nacional institucional que ha formado esta gran nación.
Continuaremos oponiéndonos al mandato HHS que obligaría a las instituciones de la Iglesia a pagar por medicamentos contraceptivos y abortivos. Nos opondremos a los esfuerzos por imponer una conciencia secular en las instituciones religiosas. Y continuaremos sirviendo a los pobres a través de instituciones caritativas sin importar su raza, religión, país de origen o estatus legal.
Amén.
Most Rev. Daniel E. Flores
Obispo de Brownsville
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Catholic Diocese of Brownsville |